jueves, 17 de enero de 2008

Evento mágico

Un cuarto despojado. Paredes blancas, inmaculadas, pintadas sobre la cal y el cemento.
Con la cabeza apoyada sobre un brazo, boca abajo y cobijado por sábanas de algodón, un cronopio se hundía en ensueños.
Primero, imaginó árboles, luego los dotó de frutos; después imaginó aves, las pintó de colores. Con los ojos cerrrados se deleitaba en sus pensamientos.
Se durmió con una sonrisa.
Se durmió profundamente, se durmió largamente.
Entre medio de sus sueños pasó una hora, entre medio de sus sueños pasaron dos. Pasaron tres, pasaron cuatro, pasó un poco más.
De pronto se despertó asustado, una caricia suave y rugosa a la vez le había cubierto la mitad del cuerpo.
Sonriendo de nuevo, se recostó. Su cuarto ya no tenía paredes, era frondoso y verde. Los pájaros le cantaban y una colchita-enredadera tibiamente lo arropaba.


Cronopia (texto y dibujo)


martes, 8 de enero de 2008

Cronopio en la prehistoria

Un cronopio le encargó a un fama la invención de la rueda.

-Ya es hora de que inventemos la rueda, porque van a ser muy lindas -dijo el cronopio (por supuesto, de forma prehistórica).
-Y muy útiles -acotó el fama. Pero el cronopio ya no lo escuchaba porque estaba muy ocupado papando moscas gigantescas y prehistóricas (o sea, gigantescas).

El fama salió corriendo, entusiasmado, hacia su caverna-taller (que no es como se la imaginan).
A la semana (¿de 7 días? ¿8, 9? ¿acaso importa?) volvió con una rueda per-fec-ta-men-te redonda y con un hueco en el centro (por supuesto). El cronopio la miró azorado durante un largo rato.

-¡Es muy redonda! -espetó- Así no sirve.

El fama no entendió la objeción, pero el que mandaba era el cronopio (porque a él se le había ocurrido inventar la rueda), así que volvió a su taller y, ya un poco menos entusiasta, convirtió su artefacto de radio único en otro de múltiples radios. Ya había pasado otra semana. Cuando el fama apareció ante el cronopio con su óvalo con hueco en el medio, el cronopio lo miró nuevamente durante largo rato (no tanto como la vez anterior).

-Te felicito, está mucho más linda, pero sigue siendo muy redonda -dijo el cronopio inventor.

Al fama ya no le gustó el proyecto y renunció, de bastante mala gana.

-Pero... -dijo el cronopio.

Sin embargo, luego de meditar un rato, agregó:

-Pero...


Subtítulo: Encuentro entre el cronopio y el fama en casa del fama.
Cronopio: -Fama bueno, fama generoso: ¿me prestas tu martillo y tu cincel?
Fama: -Sí.
Fin del encuentro entre el cronopio y el fama en casa del fama


Capítulo VI
Momento crucial: invención definitiva de la rueda.
El cronopio tardó varios días en aprender a usar el martillo, otros tantos en aprender a usar el cincel, y muchos más en aprender a usar el martillo y el cincel. Pero el esfuerzo valía la pena, la piedra se dejaba manejar; cooperaba con el cronopio sobremanera.
A la semana (sean los días que sean) la obra estaba terminada.
El cronopio estaba tan contento que bailó tregua y bailó catala durante por lo menos dos semanas (¿acaso unas horas?). Luego de un gran esfuerzo había llegado a tres versiones definitivas de rueda: una triangular con hueco en un borde, una cuadrada sin huecos por ningún lado y (su preferida), una completamente chata y con cerca de 28 huecos.
El cronopio expuso su obra en la puerta de su cueva y fue, feliz, a dormir el sueño de los justos.

La creatividad y la belleza habían, finalmente, vencido al pragmatismo (¡hurra por eso!). Lástima que uno de los mayores avances de la humanidad habría de esperar unos cuantos miles de años más para ver la luz (bueno, ya la había visto, ¿no? Pero no gustar).



Cronopio

domingo, 6 de enero de 2008

A todo esto, ¿qué #@#$% era un cronopio? [1]

En exclusiva, y robado descaradamente de YouTube, un reportaje a Cortázar, en el que le preguntan qué es un cronopio (y un fama, y una esperanza) y en el que, por suerte, no responde a la pregunta.



El reportaje es de 1977.
¡Saludos! Y esperamos que NO se les haya aclarado nada.

Cronopio y Cronopia.

sábado, 29 de diciembre de 2007

¡Qué suerte que el mundo queda tan tan lejos!

No te apartes de la línea amarilla. Es el único lugar seguro. Fuera de la línea ocurren cosas horribles: Hambrunas, guerras, ideologías encontradas, culturas hundidas por su propia terquedad. Quedate en la línea amarilla. Caminá sin preocupaciones por ella que todo irá bien. Mientras no te salgas de la línea, el mundo queda tan tan lejos.
Eso sí, mirá hacia el piso, tu campo de visión debe ser amarillo. No se te ocurra mirar hacia adelante, ni ver lo que hubo antes. Menos aún mires a los costados y descubras que el mundo está tan tan cerca, que el mundo esté ahí. Que sos vos.
Ellos quieren nuestro bien. No quieren que suframos inútilmente. Por esos no quieren que crucemos la línea. Ya sé, la mayoría ni siquiera puede ingresar a la línea , pero es así, las realidades son crudas e inevitables (por suerte quedan lejos).
Consolate así: los que no transitan el sendero amarillo están expuestos a situaciones maravillosas: gusanos fumadores, hongos hipertrofiantes, conejos dementes (sí, bueno, también una reina cortacabezas). Y acaso libertad para soñar, para pensar, para exponerse ala peligro y así sentirse vivos. Para confrontar, para tratar de tapar esa línea, acaso pintarla de azul, o algún tornasolado rimbombante, para tratar de acercar el mundo real a los que viven en aquel tan ilusorio que cuendoi despierten lloraran largamente, sin consuelo.
Mejor, azul no. Creo que rojo es más alegre. También podemos hacerle bifurcaciones estrambóticas, esos le agregará un toque extra de interés. Pero vos no te apartes de la línea amarilla, es el lugar seguro. Segí por ahí que todo irá asquerosamente bien. Mientras vayas por ella, por suerte, el mundo queda tan, tan lejos.

sábado, 8 de septiembre de 2007

Venus

Cerca de cumplir los dos años juntos, nos agarró nostalgia. Yo le escribí el poema, ella me respondió con el dibujo.

Y cada vez que miramos

el cielo ahí estuvo Venus para nosotros.

Y mirá que lo buscabas...

Y cuando lo encontrabas,

despojado de otras luces

me lo entregabas.

Disculpame, excusame,

hasta hoy caigo en la cuenta

de tus mensajes celestes:

me escribías en el cielo

tu silencio de palabras

(mis silencios se perdían en el silencio

¿no es tonto arrojar agua al mar

y no es hermoso, en cambio, hablar con tinta de estrellas?).

Venus siempre va a estar para nosotros,

aunque a veces no esté, aunque se va,

aunque la Diosa se oculte en la niebla del tiempo

(¿No es cruel a veces la niebla del tiempo?).

Tus palabras me llegan desde él (Venus)

y me cuentan lo que ya sé, lo que siento: cómo ella (Venus)

nos arropa,

nos cobija,

nos invita a sumergirnos en el seno de su símbolo

mientras cruza, envuelta en su peplo,

el cielo que reinventaste.




























Cronopio y Cronopia.

miércoles, 1 de agosto de 2007

Defensa del cronopio

Un cronopio estaba enamorado. Muy mucho. Guardaba los zapatos en la heladera, ponía aceite en el vaso y se afeitaba la mitad de la cara. Andaba por la calle rebotando, y a cada persona que encontraba le decía "buenosdíascómoestáusted" y "lindasmañanasdesolbrillante". Escribía poemas hermosamente espantosos y los recitaba a los cuatro vientos. Olía las flores. Buscaba formas en los mares de la luna. Era embobadamente feliz.
Porque su amor era correspondido. Se veía con ella cuatro veces al día y salían a rebotar juntos. Iban por la peatonal como pelotitas de ping-pong y paraban cada tanto para decirse "cronopiohermosomividamipimpollo". Después, se iban a tomar la leche o, en su defecto, helado de tres gustos (ella le dejaba el fondo a él).

Un día, el cronopio se encontró con un fama, su amigo.
-Estoy enamorado -dijo el cronopio, con su mejor sonrisa estúpida.
-No existe amor -replicó el fama-, sólo una catarata de hormonas esteroides y feniletilamina en tu cerebro.
El cronopío se fue corriendo a su casa. Tirado en la cama chilló, pataleó, lloró y sollozó. No rebotó.
Al día siguiente, el cronopío hizo una visita furtiva a la biblioteca municipal. Con paciencia, empezó a buscar por la sección A. Siguió con la B, la C y la D (por supuesto, tuvo que llegar hasta la última para encontrar lo que buscaba).
Luego de encontrar lo que buscaba y asegurarse de haberlo aprendido bien, el cronopio abandonó, contento y entusiasmado, la biblioteca, rebotando.
Se dejó llegar hasta "Romanina" -pizzería de buen ganado prestigio-, donde su amigo fama estaba a punto de comer, como todos los viernes, una especial con morrones. Frente al fama y con aire triunfal, el cronopio escupió:
-No existe especial con morrones, sólo un torrente de rápidas reacciones en tus papilas al contactar con la masa en cuestión, que se transmiten al centro del gusto en el cerebro, donde son decodificadas.
E inmediatamente agregó:
-Es más, la masa en cuestión ni siquiera toca tu cuerpo, porque la repulsión electrónica lo impide.
El fama miró -con honda amargura- la especial con morrones, agachó la cabeza y se retiró, vencido (no sin antes pagar religiosamente la adición, más la propina del mozo).
Entonces, el cronopio se sentó, inspiró largamente los vapores que emanaban de la pizza, dijo "¡Aaaaaaahhh!" y mudó un trozo al plato vacío. Luego empuñó cuchillo y tenedor, se anudó una servilleta al cuello y empezó a comer, con gran gusto y fruición (pero dejando a un costadito las tiritas de morrón, porque no le gustaban).

domingo, 10 de junio de 2007

Volver


Siempre es difícil retomar algo que fue postergado, primero porque el motor del proyecto puede haberse deteriorado o cambiado con el correr del tiempo y segundo porque se teme cometer, una vez más, el mismo error.
Por otro lado se siente la satisfacción enorme de estar haciendo eso que se quería, aún más allá de los posibles cambios del contexto.
Por eso con la cabeza algo revuelta de emociones retomo este blog, esperando que cuando las responsabilidades nos liberen nuestro proyecto vacacional vuelva a su esencia.
Cronopia.
PD: El dibujo es mío, admírenlo. Tiene copyright, no róbenlo.